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Larga Vida a la Pilsen y a las chicas guapas.
Salud!.-

Atte. Nico

mayo 08, 2009

Escrito: SENTENCIAS - Friedrich Nietzsche



Quien es radicalmente maestro no toma ninguna cosa en serio más que en relación a sus discípulos, ni siquiera a sí mismo.

«El conocimiento por el conocimiento, ésa es la última trampa que la moral tiende: de ese modo volvemos a enredarnos completamente en ella.

El atractivo del conocimiento sería muy pequeño si en el camino que lleva a él no hubiera que superar tanto pudor.

Con nuestro propio Dios es con quien más deshonestos somos: ¡a él no le es lícito pecar!

La inclinación a rebajarse, a dejarse robar, mentir y expoliar podría ser el pudor de un dios entre los hombres.

El amor a uno solo es una barbarie, pues se practica a costa de todos los demás. También el amor a Dios.

«Yo he hecho eso», dice mi memoria. «Yo no puedo haber hecho eso» - dice mi orgullo y permanece inflexible. Al final - la memoria cede.

Se ha contemplado mal la vida cuando no se ha visto también la mano que de manera indulgente mata.

Si uno tiene carácter, también tiene una vivencia típica y propia, que retorna siempre.

El sabio como astrónomo. - Mientras continúes sintiendo las estrellas como un «por-encima-de-ti» sigue faltándole la mirada del hombre de conocimiento.

No es la intensidad, sino la duración del sentimiento elevado lo que constituye a los hombres elevados.

Quien alcanza su ideal, justo por ello va más allá de él.

Más de un pavo real oculta su cola a los ojos de todos, y a esto lo llama su orgullo.

Un hombre de genio resulta insoportable si no posee, además, otras dos cosas cuando menos: gratitud y limpieza.

Grado y especie de la sexualidad de un ser humano ascienden hasta la última cumbre de SU espíritu.

En situaciones de paz el hombre belicoso se abalanza sobre sí mismo.

Con nuestros principios queremos tiranizar o justificar u honrar o injuriar u ocultar nuestros hábitos: dos hombres con principios idénticos probablemente quieren, por esto, algo radicalmente distinto.

Quien a sí mismo se desprecia continúa apreciándose, sin embargo, a sí mismo en cuanto despreciador.

Un alma que se sabe amada, pero que por su parte no ama, delata lo que está en su fondo: - lo más bajo de ella sube a la superficie.

Una cosa que queda explicada deja de interesarnos. - ¿Qué quería decir aquel dios que aconsejaba: «¡Conócete a ti mismo? ¿Acaso esto significaba: «¡Deja de interesarse a ti mismo! ¡Vuélvete objetivo!»? - ¿Y Sócrates? - ¿Y el "hombre científico"

Es terrible morir de sed en el mar. ¿Tenéis vosotros que echar enseguida tanta sal a vuestra verdad que luego ni siquiera apague ya la sed?

«Compasión con todos» - sería dureza y tiranía contigo, señor vecino!

El instinto. - Cuando la casa arde, olvidamos incluso el almuerzo. - Sí, pero luego lo recuperamos sobre la ceniza.

La mujer aprende a odiar en la medida en que desaprende a hechizar

Afectos idénticos tienen, sin embargo, un tempo ritmo distinto en el varón y en la mujer: por ello varón y mujer no cesan de rnalentenderse.

Las propias mujeres continúan teniendo siempre, en el trasfondo de toda su vanidad personal, un desprecio impersonal por «la mujer»

Corazón sujeto, espíritu libre. Cuando sujetamos con dureza nuestro corazón y lo encarcelarnos, podemos dar muchas libertades a nuestro espíritu: ya lo he dicho una vez. Pero no se me cree, suponiendo que no se lo sepa ya...

De las personas muy inteligentes comenzamos a desconfiar cuando se quedan perplejas.

Las vivencias horrorosas nos hacen pensar si quien las tiene no es, él, algo horroroso.

Precisamente con aquello que a otros los pone graves, con el odio y el amor, los hombres graves, melancólicos, se vuelven más ligeros y se elevan por una temporada hasta su superficie.

¡Es tan frío, tan gélido, que al tocarlo nos quemamos los dedos! ¡Toda mano que lo agarra se espanta! - Y justo por ello más de uno lo tiene por ardiente.

¿Quién, por salvar su buena reputación, no se ha sacrificado ya alguna vez a sí mismo?

En la afabilidad no hay nada de odio a los hombres Pero justo por ello hay demasiado desprecio por los hombres.

Madurez del hombre adulto, significa haber reencontrado la seriedad que de niño tenía al jugar.

Avergonzarnos de nuestra inmoralidad: un peldaño en la escalera a cuyo final nos avergonzamos también de nuestra moralidad.

Debemos separarnos de la vida como Ulises se separó de Náusica, bendiciéndola más bien que enamorado

¿Cómo? ¿Un gran hombre? Yo veo siempre tan sólo al comediante de su propio ideal.

Si amaestramos a nuestra conciencia, nos besa a la vez que nos muerde.

Habla el desilusionado. "Esperaba oír un eco, y no oí más que alabanzas".

Ante nosotros mismos todos fingimos ser más simples de lo que somos: así descansamos de nuestros semejantes.

Hoy un hombre de conocimiento fácilmente se sentiría a sí mismo como animalización de Dios.

En realidad el descubrir que alguien le corresponde con su amor debería desilusionar al amante acerca del ser amado. «¿Cómo?, ¿es él lo bastante modesto para amarte incluso a ti? ¿O lo bastante estúpido?

El peligro en la felicidad. - «Ahora todo me sale bien, desde ahora amo todo destino: ¿quién se complace en ser mi destino?»

No su amor a los hombres, sino la impotencia de su amor a los hombres es lo que a los cristianos de hoy les impide quemarnos a nosotros.

Para el espíritu libre, para el «devoto del conocimientos la piafraus [mentira piadosa] repugna a su gusto (a su «devoción») más todavía que la impiafraus" [mentira impía]. De ahí procede su profunda incomprensión frente a la Iglesia, a la que considera, pues él pertenece al tipo «espíritu libre», como su no-libertad.

Merced a la música gozan de sí mismas las pasiones.

Una vez tomada la decisión, cerrar los oídos incluso al mejor de los argumentos en contra, señal de carácter enérgico. También, voluntad ocasional de estupidez.

No existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de fenómenos...

Con bastante frecuencia el criminal no está a la altura de su acto lo empequeñece y calumnia.

Los abogados de un criminal raras veces son lo bastante artistas como para volver en favor del reo lo que de hermosamente horrible hay en su acto.

Cuando más difícil resulta ofender a nuestra vanidad es cuando nuestro orgullo acaba de ser ofendido.

A quien se siente predestinado a la contemplación y no a la fe, todos los creyentes le resultan demasiado ruidosos e importunos. se defiende de ellos.

«¿Quieres predisponer a alguien en favor de ti? Fíngete desconcertado ante él

La inmensa expectación respecto al amor sexual y el pudor inherente a esa expectación échanles a perder de antemano a las mujeres todas las perspectivas.

Cuando en el juego no intervienen el amor o el odio la mujer juega de manera mediocre

Las grandes épocas de nuestra vida son aquellas en que nos armamos de valor y rebautizamos el mal que hay en nosotros llamándolo nuestro mejor bien.

La voluntad de superar un afecto no es, a fin de cuentas, más que la voluntad de tener uno o varios afectos diferentes.

Existe una inocencia de la admiración: la tiene aquel a quien todavía no se le ha ocurrido que también él podría ser admirado alguna vez.

La naúsea frente a la suciedad puede ser tan grande que nos impida limpiarnos,- «justificarnos»

A menudo la sensualidad apresura el crecimiento del amor, de modo que la raíz queda débil y es fácil de arrancar.

Constituye una fineza el que Dios aprendiese griego cuando quiso hacerse escritor y el que no lo aprendiese mejor.

Alegrarse de una alabanza es, en más de uno, sólo una cortesía del corazón, y cabalmente lo contrario de una vanidad del espíritu.

También el concubinato ha sido corrompido, por el matrimonio.

Quien, hallándose en la hoguera, continúa regocijándose, no triunfa sobre el dolor, sino sobre el hecho de no sentir dolor allí donde lo aguardaba. Parábola.

Cuando tenemos que cambiar de opinión sobre alguien le hacemos pagar caro la incomodidad que con ello nos produce.

Un pueblo es el rodeo que da la naturaleza para llegar a seis, a siete grandes hombres. Sí: y para eludirlos luego.

Para todas las mujeres auténticas la ciencia va contra el pudor ". Les parece como si de ese modo se quisiera mirarlas bajo la piel, ¡peor todavía!, bajo sus vestidos y adornos.

Cuanto más abstracta sea la verdad que quieres enseñar, tanto más tienes que atraer hacia ella incluso a los sentidos.

El diablo posee perspectivas amplísimas sobre Dios, por ello se mantiene tan lejos de él, el diablo, es decir, el más antiguo amigo del conocimiento.

Lo que alguien es, comienza a desatarse cuando su talento declina, cuando deja de mostrar lo que él es capaz de hacer. El talento es también un adorno; y un adorno es también un escondite.

Cada uno de los sexos se engaña acerca del otro: esto hace que, en el fondo, se honren y se amen sólo a sí mismos (o a su propio ideal, para expresarle de manera más grata ). Así, el varón quiere pacífica a la mujer, pero cabalmente la mujer es, por esencia, no-pacífica, lo mismo que el gato, aunque se haya ejercitado muy bien en ofrecer una apariencia de paz.

Por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes.

Quien no sabe encontrar el camino que lleva a su ideal lleva una vida más frívola y descarada que el hombre sin ideal.

De los sentidos es de donde procede toda credibilidad, toda buena conciencia, toda evidencia de la verdad.

El fariseísmo no es una degeneración que aparezca en el hombre bueno: una buena porción de fariseísmo es, antes bien, la condición de todo ser bueno.

Uno busca a alguien que le ayude a dar a luz sus pensamientos, otro, a alguien a quien poder ayudar así es como surge una buena conversación.

En el trato con personas doctas y con artistas nos equivocamos fácilmente en dirección opuesta: detrás de un docto notable encontramos no pocas veces un hombre mediocre, y detrás de un artista mediocre encontramos incluso a menudo un hombre muy notable.

También en la vigilia actuamos igual que cuando soñamos: primero inventamos y fingimos al hombre con quien tratamos y enseguida lo olvidamos.

En la venganza y en el amor la mujer es más bárbara que el varón.

Consejo enforma de enigma. «Para que el lazo no se rompa es necesario que primero lo muerdas.»

El bajo vientre es el motivo de que al hombre no le resulte fácil tenerse por un dios.

La frase más púdica que yo he oído: Dans le véritable amour c'est I'áme qui enveloppe le coros [En el amor verdadero el alma envuelve al cuerpo].

Aquello que nosotros mejor hacemos, a nuestra vanidad le gustaría que la gente lo considerase precisamente como lo que más difícil de hacer nos resulta. Para explicar el origen de más de una moral.

Cuando una mujer tiene inclinaciones doctas hay de ordinario en su sexualidad algo que no marcha bien. La esterilidad predispone ya para una cierta masculinidad del gusto; el varón es, en efecto, dicho sea con permiso, «el animal estéril».

Comparando en conjunto el varón y la mujer, es lícito decir: la mujer no poseería el genio del adorno si no tuviera el instinto propio del segundo papel.

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti.

Sacado de viejas novelas florentinas, y además de la vida: buona femmina e mala femmina vuol bastone [tanto la, mujer buena como la mala quieren palo] Sacchetti.

Inducir al prójimo a que se forme una buena opinión de nosotros y, a continuación, creer crédulamente en esa opinión: ¿quién iguala a las mujeres en esa obra de arte?

Lo que una época siente como malvado es de ordinario una reacuñación intempestiva de lo que en otro tiempo fue sentido como bueno, el atavismo de un ideal más antiguo.

En torno al héroe todo se convierte en tragedia, en torno al semidiós, en drama satírico; y en torno a Dios - ¿cómo?, ¿acaso en «mundo»?

Tener un talento no es suficiente: hay que tener también permiso vuestro para tenerlo, ¿no es así, amigos míos?

«Donde se alza el árbol del conocimiento, allí está siempre el paraíso»: esto es lo que dicen las serpientes más viejas y las más jóvenes.

Lo que se hace por amor acontece siempre más allá del bien y del mal.

La objeción, la travesura, la desconfianza jovial, el gusto por la burla son indicios de salud: todo lo incondicional pertenece a la patología.

El sentido de lo trágico aumenta y disminuye con la sensualidad.

La demencia es algo raro en los individuos, pero en los grupos, los partidos, los pueblos, las épocas constituye la regla.

El pensamiento del suicidio es un poderoso medio de consuelo: con él se logra soportar más de una mala noche.

A nuestro instinto más fuerte, al tirano que hay dentro de nosotros, se somete no sólo nuestra razón, sino también nuestra conciencia.

Es preciso retribuir tanto lo bueno como lo malo: mas ¿por qué hacerlo precisamente con la persona que nos ha hecho bien o mal?

No amamos ya bastante nuestro conocimiento tan pronto como lo comunicamos.

Los poetas carecen de pudor con respecto a sus vivencias: las explotan.

«Nuestro prójimo no es nuestro vecino, sino el vecino de nuestro vecino» así piensa todo pueblo.

El amor saca a la luz las propiedades elevadas y ocultas de un amante, sus cosas raras, excepcionales: en ese aspecto fácilmente engaña a propósito de lo que en él consituye la regla.

jesús dijo a sus judíos: «La ley era para esclavos, ¡amad a Dios como lo amo yo, como hijo suyo! ¡Qué nos importa la moral a nosotros los hijos de Dios!»

A la vista de todos los partidos. Un pastor siempre necesita, además, un carnero-guía, o él mismo tiene que ser ocasionalmente carnero.

Sin duda mentimos con la boca; pero con la jeta que ponemos al mentir continuamos diciendo la verdad.

En los hombres duros la intimidad es una cuestión de pudor y algo precioso.

El cristianismo dio de beber veneno a Eros: éste, ciertamente, no murió, pero degeneró convirtiéndose en vicio

Hablar mucho de sí mismo es también un medio de ocultarse.

En el elogio hay más entrometimiento que en la censura.

En un hombre de conocimiento la compasión casi produce risa, como en un cíclope las manos delicadas.

Por filantropía abrazamos a veces a un cualquiera (ya que no podemos abrazar a todos): pero precisamente eso no es lícito revelárselo a ese cualquiera...

No odiamos mientras nuestra estima es aún pequeña, sin sólo cuando es igual o mayor a la que tenemos por nosotros mismos.

Utilitaristas, ¿es que también vosotros amáis toda cosa útil tan sólo como un vehículo de nuestras inclinaciones, es que también vosotros encontráis propiamente insoportable el ruido de sus ruedas?

En última instancia lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado.

La vanidad de los demás repugna a nuestro gusto tan sólo cuando repugna a nuestra vanidad.

Quizá nadie haya sido aún suficientemente veraz acerca de lo que es la «veracidad».

A los hombres listos no les creemos sus tonterías. ¡qué pérdida de derechos humanos!

Hay una inocencia en la mentira que es señal de que se cree con buena fe en una cosa.

Es inhumano bendecir cuando nos han maldecido.

La familiaridad del superior resulta amarga porque no es lícito corresponder a ella.

«No el que tú me hayas mentido, sino el que yo ya no te crea a ti, eso es lo que me ha hecho estremecer. »

Hay una petulancia de la bondad que se presenta como maldad.

Las consecuencias de nuestros actos nos agarran por los cabellos, harto indiferentes a que entretanto nosotros nos hayamos «mejorado».

"Me desagrada". ¿Por qué? - «No estoy a su altura.» ¿Ha respondido así alguna vez alguien?

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